| Sarmiento Sociedad Protectora de Animales Fundada en 1902 |
PASEAR CON NUESTRO PERRO
Un hábito que dice mucho sobre nosotros

En un acto tan cotidiano como pasear con nuestro perro, los demás pueden observar claramente hasta qué punto somos capaces de respetar a los demás y, por ende, de respetarnos a nosotros mismos
¿Por qué llevar al perro suelto?
Llevar a nuestro perro con correa mientras estamos en la calle es ahorrarnos
problemas. Aún cuando se trate del perro más obediente y manso,
puede abalanzarse sobre una persona mayor o un chico con la intención
de jugar, puede asustarse y morder, puede espantarse por un ruido o una circunstancia
no habitual para él y escaparse, puede seguir a una perra en celo,
corriendo el riesgo de extraviarse o ser atropellado.
Estos peligros se potencian aún más cuando dejamos que el perro
salga solo a la calle, especialmente si vivimos en una ciudad. Confiamos
en que el perro “está enseñado”. Pero es una confianza
rayana en la imprudencia, porque evidentemente no hemos tenido en cuenta
los imprevistos. Lo que podamos enseñarle al perro no alcanza para
evitarle - y evitarnos - problemas.
Lejos de basarse en hipótesis, estas ideas se apoyan en casos reales
y tristemente muy frecuentes, que podrían evitarse con actitudes mínimamente
responsables por parte de los dueños.
¿Hasta qué punto respetamos la higiene?
Este es un tema que preocupa mucho a quienes son conscientes del riesgo
sanitario al que se exponen los habitantes de una ciudad sucia. Los dueños
de perros que – bolsita o papel diario mediante – se hacen cargo
de las deposiciones de sus mascotas son minoría. El estado general
de nuestras calles y plazas da a pensar que el concepto de higiene de la
mayoría de nuestros conciudadanos tiene el límite exacto en
el umbral de la puerta de calle.
Además de contaminación visual, las heces constituyen un factor
de riesgo sanitario. Un perro puede contraer graves enfermedades al entrar
en contacto las heces de otro perro, y esto es tanto una amenaza para los
cachorros como para los adultos de salud delicada o convalecientes de alguna
enfermedad.
Definitivamente, al no hacernos responsables de la suciedad producida por
nuestro perro incurrimos en una grave falta de higiene, respeto y sensibilidad
comunitaria que el hecho de tener nuestra ropa limpia no alcanza a ocultar.
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